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LUIS tiene una hipoteca moral. Casado con Maribel desde hace años, fue infiel desde el comienzo. El número de las aventuras y los nombres asociados son muchos. Ahora la mayor parte de sus amantes le han abandonado por sus mentiras y sus falsedades.

Le dolió especialmente el adiós de Beatriz, su última amante. Bea sencillamente le mandó a la mierda, harta de una relación plagadas de mentiras y expectativas fallidas. Ahora tal vez por ello, ha decidido redefinir su relación y por eso paga los intereses de su hipoteca moral en forma de cariño, besos y abrazos.

Él se reconoce como mezquino e indigno. Sabe que se ha comportado como un auténtico hijo de puxx. Esta noche le hubiera gustado hacer el amor con Maribel, pero ella se ha dormido muy rápido.

MARIBEL conoce a Luis perfectamente y por ello sabía de sus aventuras, le bastaba con ser observadora para reconstruir el puzzle con las piezas de las infidelidades de Luis. Sabe que intenta cambiar y, piensa acertadamente, que sus amantes le han abandonado hartas de él.

Se ha dado cuenta de que Luis pretendía hacerle el amor esta noche, por eso se ha hecho de inmediato la dormida.  No le quiere, pero le guarda cariño. No sabe dejarle, o no puede. Su trabajo precario, sus dos hijos, sus inseguridades la han frenado siempre como mal menor.

Ahora con los ojos cerrados solo piensa en que llegue el miércoles por la tarde, para poder verse con Carlos el director de la sucursal del banco donde tienen la hipoteca de la casa. Ha sido una sorpresa enorme. Todo ha sucedido muy rápido. Ahora Carlos es su soporte vital, personal y sexual.

Y pensando en su amante, se ha dormido, esta vez de verdad.