Vivo en una casa de diez vecinos. Dos parejas jóvenes, seis familias con hijos de distintas edades, una persona sola (aunque joven) y luego una pareja mayor compuesta por Virtudes y Andrés.

El pasado fin de semana, surgió de manera espontánea el deseo solidario entre nosotros. Aparte de intercambiar todos los teléfonos móviles y de ofrecer ayuda puntual a quién lo necesite independientemente de su edad y condición, hemos decidido estar muy pendientes de nuestros vecinos octogenarios. Ellos están solos y su único hijo vive en La Coruña. Lo importante es que todos los vecinos nos hemos ofrecido.

Así que hemos creado un “cuadrante” para llamar a Virtudes y Andrés todos los días dos veces, a las 10 de la mañana y a las 7 de la tarde. E igualmente estar pendiente de sus necesidades básicas, que en este caso se reducen fundamentalmente a ir a la compra, a la farmacia, sacar la basura, etc…

A mi me toca esta semana estar pendiente de la farmacia. Para el súper vamos rotando según las posibilidades de cada cual. La idea es que cuando alguno de nosotros vaya al súper, hable primero con Virtudes y Andrés para ver sus necesidades. El pedido lo dejamos en su puerta y luego ellos lo meten en su casa.

La solidaridad se ha despertado con este maldito virus.

Tal vez sea lo único positivo.