Decidimos darnos tiempo.

Los dos sabemos lo que eso significa, pero ninguno ha sido capaz de decir adiós.

Así que un sencillo hasta pronto, con el tiempo por medio y con la idea de un reencuentro posible pero poco probable, nos ha servido de despedida junto a un abrazo largo y sentido.

Es curioso que ambos sabemos lo que significa ese “darse tiempo”, pero ninguno ha sido capaz de ponerle palabras a la realidad.

Una realidad a la que pronto volveremos, sin tiempo de reflexión, sin tiempo de espera, sin tiempo para evitar que una lágrima se derrame por mi mejilla.