En el interior del bosque vivía un mago. Para algunos era un brujo. Para otros era un ser bondadoso. Una vez al mes bajaba al pueblo y con su varita transformaba la paja en carne, el barro en vino, incluso las heces de los animales las transformaba en perfume.

Ese día esperado del mes, llegó de nuevo, pero en esta ocasión el mago no apareció. Le estuvieron esperando horas y horas y pronto creció el desasosiego entre los habitantes de la aldea y los que habían venido de otras aldeas cercanas.

Al día siguiente, se organizó una batida en busca del mago, encabezada por el alcalde. El problema era que nadie sabía a ciencia cierta donde acostumbraba a vivir.

Durante una semana entera, recorrieron el bosque espeso y las llanuras circundantes y cuando pensaban en retirarse, uno de los hombres avistó un enorme alce, que deambulaba como perdido.

El animal se les acercó y se les quedó mirando y ante la sorpresa de todos, comenzó a hablar…

-Amigos, soy el mago, no sé que me ha sucedido, estaba revisando mis hechizos cuando algo debí hacer mal y me he convertido en un alce.

Todos se miraron sorprendidos e incrédulos ante la verborrea del animal.

– ¿Hay algo en lo que podamos ayudarte para recuperar tu estado anterior y tu magia? Preguntó uno de los hombres.

-Si claro que podéis. Para ello tenéis que cuidarme durante un año, porque el hechizo dura ese tiempo. Soy una pieza codiciada para los depredadores y pueden atacarme en cualquier momento.

– ¿Un año, preguntó pensativo el alcalde?

Acto seguido, se reunió con las personas que habían salido en busca del mago. Durante no menos de quince minutos estuvieron hablando en voz baja.

El mago-alce sorprendido, vio como algunas manos se levantaban. Y luego vio como se levantaban muchas más.

El alcalde se dirigió hacia él.

-De momento, vamos a llevarte a la aldea.

-Oh mil gracias contestó el mago-alce

El alcalde le miró fijamente con cara de verdadero disgusto… diciéndole…

– Bueno … no me des mucho las gracias, ejem… en realidad hemos votado sacrificarte. Eres un alce hermosísimo de cerca de cuatrocientos kilos. Con eso podemos obtener mucha carne y salándola, durará mucho tiempo y podremos alimentar a muchas personas.

– Lo siento de verás, pero lo hemos votado y es lo que ha salido… añadió el alcalde.