No hacía mucho que había conocido a Laura, pero de inmediato nos dimos cuenta que estábamos hechos el uno para el otro. Es cierto que es una mujer diferente, digamos que un poco especial, pero me había enamorado de ella.

Estaba nervioso, por fin iba a conocer a sus padres de los que tanto me había hablado. Compré un buen vino y una deliciosa tarta de chocolate blanco, el favorito de su madre y me arreglé para causar una buena impresión.

Habíamos quedado a comer sobre las dos y media en el apartamento de Laura y allí llegué puntual.

-Hola cariño, ¿han llegado ya tus padres?

Laura me miró con cara de sorpresa

-Bueno, digamos que ya están aquí, espera que los traigo

Recordaba las palabras que había preparado para la ocasión…

Al minuto Laura apareció con dos especies de jarrones y los puso en la mesa del comedor.

-Bueno -suspiró- aquí están… el de azul es mi padre y la de burdeos mi madre…