Desde hace años, se me ha ninguneado. Es mi destino. Siempre ha sido así. De alguna manera lo he ido asumiendo, debido a mi silenciosa presencia.

Pero al menos, se me mantenía siempre en mi posición, bien firme, bien dispuesta. No se me tenía en cuenta, de acuerdo, pero yo estaba allí siempre.

Ahora se me ofende, porque directamente se prescinde de mí. No todos, claro. Especialmente los jóvenes y su maldita forma de enviar mensajes, obviando las reglas elementales. Y no solo los jóvenes, que hay algún artículo de prensa por ahí, que es muy doloroso para mí.

Y lo peor es que otras veces se me ubica donde no debo estar, dando cobijo a alguna compañera vocal, que no lo necesita.

Dicen los eruditos que soy muda ¿y qué? ¿acaso por eso ha de prescindirse de mí?

Yo soy una simple letra, una hache y reivindico mi derecho a existir, mi derecho al silencio y mi derecho a formar parte de la correcta ortografía.