La tienda estaba en una estrecha calle. Una cristalera y una puerta daban al taller de relojería. Le atendió el mismo relojero.

-Usted dirá caballero. 

-Venía a pedirle consejo. 

-Sobre algún reloj, me imagino. 

-Pues no, se trata de un consejo sobre el tiempo, sobre el paso del tiempo para ser más exacto. 

-Yo de eso no puedo decirle mucho, lo mío es arreglar relojes. 

-Pero ¿usted dispone del tiempo? Porque el tiempo lo marcan los relojes. 

-Mi tiempo es similar al suyo, arreglar relojes no me supone una ventaja. Pero en fin, dígame que quiere saber.

– Verá, ayer perdí dos horas y no logro encontrarlas.

– ¿Y quiere recuperarlas? Tal vez porque no puede recordar como las perdió …

-Quiero que mi mañana tenga esas dos horas de más. 

-Le recuerdo, que mañana es tan solo un adverbio de tiempo. No es más que eso.

-Entonces ¿Puede ayudarme o no?

El relojero, se quedó pensativo durante unos minutos y dijo -Puede que sí –

-Escuche con atención: en su ahora actual usted está hablando conmigo, pero su ahora, de cuando entró en mi tienda, se ha convertido ya en su pasado inmediato. Y su futuro, lo dejará de ser en cuanto se convierta en su ahora. Conclusión, el ahora lo es todo y abarca todo el sentido de la temporalidad. Perderá su tiempo buscando las horas perdidas. Viva su ahora con intensidad y las podrá recuperar. Se lo aseguro.