Pablo pasaba largas horas viendo series con su amigo, especialmente los fines de semana, aunque si hacía buen tiempo, también salían a pasear.

La verdad es que nadie conocía su relación con él y aunque la conocieran, difícilmente la podrían llegar a entender. Porque Pablo tenía un amigo invisible, Ignacio, con el que era capaz de compartir con naturalidad, todo aquello que -sin embargo- no podía compartir con nadie.

Este año, un par de semanas antes de la Navidad, la hermana de Pablo, propuso que en esta ocasión, los regalos navideños se hicieran a través  del “amigo invisible”, dado que ya eran bastantes de familia y teniendo en cuenta que eso suponía un gasto importante.

Pablo, vio en ello la oportunidad de dar a conocer su relación.

En la cena de Nochebuena, había un cubierto más para Ignacio. Pero cuando llegaron puntualmente a casa de los padres, éstos se sorprendieron al ver solo a Pablo.

-¿No ibas a venir con tu amigo Ignacio? -preguntó la madre-

-Pero si está aquí, solo que no le puedes ver -respondió Pablo- es invisible…

Lo que sucedió después sería muy complejo de explicar y tras unos largos minutos de zozobra y desconcierto que nadie pudo descifrar, tanto los padres, como la tía, como las dos hermanas de Pablo y su cuñado decidieron mediante gestos discretos, seguirle la corriente. Por fortuna sus dos sobrinos eran aún muy pequeños para intentar entender algo.

Y así durante toda la velada, el cubierto de Ignacio permaneció vacío. Y cuando Anita le explicó que lo del amigo invisible era solo un intercambio de regalos, Pablo dijo que había sido una oportunidad del destino y brindó en voz alta por su amigo invisible Ignacio, ante la mirada atónita de sus padres y demás familia.

Ana, la madre, preocupada por su hijo, habló con él y le preguntó si estaba tomando alguna medicina que le pudiera afectar, pero la respuesta fue negativa. Su padre le propuso que no condujera y que pidiera un taxi o un Uber para volver a casa, pero Pablo no accedió. Y la tía Paquita directamente le dijo que estaba un poco “chalao”.

Pablo les dio a todos las gracias en nombre de Ignacio, que le había transmitido lo muy a gusto que había estado en la cena.

Ya en el coche, camino de casa, Pablo le preguntó a Ignacio,

-¿Qué te han parecido? ¿son una familia entrañable, verdad?

Y entonces una voz grave que provenía del vacío, le contestó,

-Ha estado genial, tu familia es estupenda, pero comprenderás que hay que darles tiempo para que crean que de verdad tienes un amigo invisible y para que puedan comunicarse conmigo. Seguramente ahora estén pensando que estás como una cabra jajaja

-Lo sé, por eso lo ocultaba. De todas formas, me siento feliz de que hayas conocido a los míos y hayas podido verlos y escucharlos.

Y añadió con una fina ironía…

-Lo digo Ignacio, porque el día que conocí a tu familia, no pude ver a nadie…

Y ambos rompieron a reír en estruendosas carcajadas.


Querid@s amig@s, aprovecho este post para desearos Feliz Navidad.

Disfrutadla con salud, amor y por supuesto, con prudencia.