Acertaron los pronósticos y por fin hemos tenido tres días de nieves continuas, así que bien pertrechado, con ropa de abrigo, gorro y guantes, me lancé a hacer una sesión fotográfica a la visitante blanca, que este mes de enero se ha desatado por completo.

En ello estaba cuando vi de frente a la pesada de Ana, la vecina del tercero, que iba con las fieras de sus hijas. Estaban haciendo un muñeco de nieve, cuando de repente, mi vecina me saludó y me lanzó un bolazo, dándome de lleno.

Sonreí (a ver, que iba a hacer) pero juré venganza y le lancé uno tras otro, varios torpedos blancos, acertando al menos dos veces.  Parece que la gracia ya no fue tal, cuando ella animó a sus hijas a atacarme a bolazos.

Yo no me escondí, sino que acepté mi destino. Por suerte llegaron refuerzos, pues Esteban y Mari, los del primero, se unieron a mi en la incruenta batalla.

– ¿Esta es la que siempre protesta en las juntas de vecinos, verdad? Pues vamos a darle duro.

En plena batalla, aparecieron los del segundo, que se alienaron de inmediato con Ana y comenzaron a atacarnos sin piedad. Traían además al bestia de su hijo Ricardito como avanzadilla.

Estábamos perdiendo la batalla, cuando los Marquéz con sus tres hijos, se unieron de nuestro lado, intensificando el fuego.

Fue entonces cuando Julián que ahora ejerce de Presidente de la Comunidad, corrió en apoyo de mis agresores acompañado de su querida de turno, una pija que tenía una puntería del demonio.

Cada bola de nieve llevaba tras de sí, algún que otro rifirrafe comunitario que envalentonaba a los contendientes.

Sudorosos, a pesar de los dos grados bajo cero y tras una hora de lucha, firmamos un armisticio, aunque Ana, como siempre dando la nota, propuso continuar la pelea a las cuatro de la tarde.

-Lo siento, estaré echándome la siesta -le contesté-

Me miró con cara de pocos amigos y me dijo…

-Cobarde-

Así que a las cuatro me vi obligado a reanudar la batalla y si bien hubo algunas bajas, se unieron a mi bando Mónica, Pablito y los Soto que aportaron su fiereza y puntería, hasta alcanzar la victoria final.