Su marido era insufrible, eso lo sabíamos todos, menos ella. 

Tal vez por eso decidí ayudarla y reuní todas mis fuerzas para darle un escarmiento a semejante tipo. Le conocía mejor que nadie, tanto como que yo era su propio reflejo en el espejo.

Por eso un día decidí abandonarle. Una mañana cuando se miró en el espejo y no se vio, lo atribuyó a las pastillas para dormir. Pero pronto comprendió que algo raro estaba pasando.

Él, un hombre atractivo, con una barba y un pelo cuidados al extremo, una piel suave que agasajaba con cremas y lociones.

Él, que gastaba un dineral en ropas y calzados, se encontró con que no podía verse ni admirarse.

Se lo dijo a su mujer y ella acudió rápidamente a ayudarle.

Y ahí tuve que dar el do de pecho, permitiendo que ella pudiera ver el reflejo, pero su marido no. Creedme fue muy difícil, necesité usar toda mi concentración reflectora binaria, pero lo conseguí.

Y poco a poco el insufrible que ya no podía verse reflejado en ningún espejo, comenzó a enloquecer, pero eso es historia para otro relato.