Antes y ahora

 

En el camino de regreso, contempló la belleza que le rodeaba. Lo hizo con más relajación que cuando hizo el camino inverso.

Entonces era un mar de dudas y no pocos miedos, probablemente tantos como ilusiones. Tenía por delante una vida a desarrollar.

Ahora de vuelta, ya no tenía prisa y se permitió hacer paradas donde antes no había podido detenerse como le hubiera gustado.

Antes saboreaba la vida a tragos. Y a un trago le seguía otro rápidamente. Ahora podía degustar el sabor y el aroma en pequeños sorbos.

Antes ignoraba lo que era la paciencia, ahora sin embargo, es un maestro en el arte de la escucha, de la reflexión, de la calma.

Con veinte años inició su viaje de ida. Ahora ya ha cumplido los sesenta y cinco y le toca regresar, disfrutando de un entorno lleno de emociones.

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Troncos

Siempre se ha dicho que, contando ovejas, uno se puede dormir como un corderito. Así que, siguiendo la tónica, se me ocurrió que contando troncos, me dormiría como un ídem. Fuera de la cabaña se acumulaban unos troncos, así que comencé a contarlos.

La verdad es que no me funcionaba, por lo que pasé a contar no solo los troncos, sino su edad a partir de los anillos de crecimiento que podía ver.

Y tampoco. Entonces decidí contar la edad de los troncos más jóvenes y pequeños y dividirla por la edad de los troncos más viejos y grandes. Buscando una relación tangencial, que me permitiera conciliar el sueño.

Pero no hubo suerte, por lo que decidí aplicar un coeficiente en función de la humedad del área de procedencia de cada tronco y aplicarla al ratio obtenido mediante el cálculo anterior.

Nada. Entonces opté por calcular el coeficiente marginal de vida de cada especie de tronco y aplicarlo al cálculo de la edad basado en los círculos concéntricos que muestra cada tronco, ponderado como antes cité por el coeficiente de humedad, pero aplicando a la par, el ratio de precipitaciones por meses de cada zona de procedencia de cada tronco.

Ni por esas.

Finalmente le prendí fuego a los troncos y me quedé dormido viendo la inmensa hoguera y escuchando el crepitar del fuego.

Destino

La foto que acompaña este texto coincide con el momento de ruptura de una ola. Exactamente ese momento. El destino de la ola es evidente, siempre terminara rompiendo, contra la arena, contra las rocas, contra un barco. Y ese momento es único e irrepetible. La siguiente ola romperá pero ya no será igual. ¿Cosas del destino?

Definimos el destino como “la sucesión inevitable de acontecimientos de la que ninguna persona puede escapar”. ¿Es eso totalmente cierto?.

“El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos”. Es posible que esa frase encierre una gran verdad.

El destino nos reta a jugar una partida que podemos ganar o perder.

Ganar significa tener cuando menos, la oportunidad de desbaratar el destino, no tanto para volver el tiempo hacia atrás, sino para anticipar la escena por venir y poder prepararnos mejor. Hay que saber aprovechar esa oportunidad.

Perder significa dejar las cosas como están, arriesgarnos a mover ficha solo cuando nos toque hacerlo dentro de los inciertos caminos del destino. No decidir a tiempo, lo que es en si mismo, una decisión.

Saber jugar esas cartas es fruto de la experiencia, pero también de nuestro estado de ánimo, de los miedos que nos poseen, del riesgo que adoptemos, tal vez incluso, del capricho del azar.

Y en esta partida, no merece la pena ir de farol, porque no hay dos olas que rompan igual.

Cuando una amiga se va

Te echaré de menos. Has formado parte de mi vida siempre. Contigo he crecido, he reído, he llorado, incluso he amado.

Has sido una fiel compañera, siempre dispuesta, nada exigente, siempre a mi lado. Por eso me duele haber tomado esta decisión. No es culpa tuya, ni tampoco mía.

Yo hubiera mantenido esta relación algún tiempo más, pero dijiste basta el martes pasado. Y me llegó al alma. Reconozco que ya no te hacía el caso que te merecías, ni mostraba interés como antes.

Pero las tecnologías han cumplido su papel y ahora he tenido que tomar esta decisión. Con el pórtatil, con la tablet, con el smartphone ya apenas te siento.

Por eso querida televisión, cuando el martes decidiste no funcionar más, lo medité profundamente y con gran dolor, he decidido no reponerte.

Hasta siempre amiga del alma, hasta siempre.

El radar maldito

Siempre atento a las normas de tráfico, me he visto sorprendido con esta noticia de la revista “Autonews” en la que destaca, cómo un conductor belga ha superado la marca mundial de velocidad multada por radar, nada menos que 696 km/h, que una vez descontado el margen de error, se queda en 654,24 km/h.

Al tratarse de un tramo con velocidad máxima 50 km/h sospecho que el conductor podría tener un “problema”. Como podéis ver en el parte de denuncia, imagen tomada de la revista, se especifican claramente las velocidades, que son aproximadamente, más del doble de la velocidad máxima de un Fórmula 1.

Como indica “Motor-El País” que se ha hecho eco de la noticia, lo curioso es que a pesar de la evidencia de un error en la medición del radar, parece que al conductor le llegó la denuncia puntualmente.

 

Me imagino que se aclararía el entuerto y que una vez ajustado el radar, aparecería entre los dígitos, un punto que explicase que los 696 km/h en realidad eran 69.6 km/h.

Por supuesto que no me apetece que me multen, claro, pero no me negaréis, que una multa así es para enmarcar 😎

Buscando

El hombre buscaba por el tren, a la persona que las había perdido.

Entre vagones repletos de personas, entrando en los compartimentos, preguntando a unos y otros.

De repente el revisor le paró y le preguntó:

  • Disculpe le veo buscando a alguien, ¿puedo ayudarle?
  • No creo que pueda pero podemos intentarlo, en realidad llevo en mi mano dos lágrimas y quiero encontrar a quién las ha dejado caer.

El revisor le miró sorprendido y sin saber que hacer. Y le dejó pasar.

Y el hombre siguió buscando al propietario de esas dos lágrimas.

Ataque

Ya recogerían la mesa mañana, si es que había mañana.

El inminente ataque alienígena permitía alterar las rutinas diarias sin crear ningún conflicto familiar.
Era más importante trabajar entre todos para reconvertir los dóciles droides de protocolo en fieros droides de asalto.

Y que no sobraran piezas, como la última vez.

Contactos

Manuel salió bastante satisfecho cuando su psicóloga le confirmó después de tres meses de sesiones que era un claro ejemplo del eneatipo 9.

La Wikipedia afirma que “El eneagrama es un sistema de clasificación de la personalidad, que algunos también encuentran útil como camino de superación personal. El sistema del Eneagrama describe nueve tipos de personalidades distintos y sus interrelaciones, asociadas a esta figura. La idea básica es que existen nueve personalidades arquetípicas con sus estrategias básicas para tratar sus asuntos, y que estas personalidades, según estén frustradas o en un estado proactivo, se integran o desintegran unas en otras”.

Manuel aprendió que las personas de eneatipo 9 tienen posibilidades de compatibilizar con las del eneatipo 6 y del eneatipo 3, por eso actualizó su perfil en una conocida red de contactos buscando una mujer que tuviera ese perfil perteneciendo a uno de esos dos eneagramas.

Desde entonces, Manuel ha leído mucho y de diversos autores sobre los eneagramas y a día de hoy, se ha convertido casi en un experto en la materia. Incluso tiene un blog muy interesante sobre el tema.

Eso sí … todavía no ha encontrado ninguna pareja compatible.

Velatorio

La muerte de Juan no fue una sorpresa y llenó al grupo de un dolor sincero y sentido. En el velatorio, unos amigos recordaron algunas anécdotas del difunto, persona de un enorme sentido del humor.

Y poco a poco, las muecas de dolor dieron paso a muecas neutras y éstas a su vez dieron paso a muecas de sonrisa y éstas a su vez dieron paso a unas tímidas risas.

Una mujer se acercó al grupo y les recriminó lo que ella consideró como una falta de respeto al difunto, a lo que Luis, uno de los mejores amigos de Juan, le dijo a la mujer con delicadeza y cariño, no exento de convicción, que no le estaban faltando el respeto a nadie y que solamente recordaban a su amigo a través de vivencias y anécdotas cargadas del sentido del humor del que Juan siempre hizo gala y que les parecía la mejor manera de recordarle en esos momentos tan difíciles, añadiendo que la existencia de risas era compatible con las lágrimas.

La mujer se quedó compungida y no dijo nada, sentándose a apenas unos metros de ellos. Los amigos de Juan siguieron recordándole, aunque con más discreción para no herir alguna sensibilidad.

Al poco rato y aunque nadie vio con claridad a la mujer porque se tapaba con las manos, se deslizó en su propia cara una sonrisa tan contundente como discreta, mientras escuchaba algunas de las divertidas vivencias compartidas con el difunto contadas por sus amigos.

Ya lo dijo Nietzsche, “la potencia intelectual de un hombre se mide por la dosis de humor que es capaz de utilizar”.

 

Amistades

A cierta edad, sucede que evolucionamos en distintos ámbitos. Lo que antes era de una manera ahora, es de otra y por desgracia (o suerte) hay personas que ya no encajan en esa nueva perspectiva. A cambio otras aparecerán en nuestra vida cuando menos lo pensemos. No nos pasa nada que sea verdaderamente extraño.

Y de entre todas esas personas, las hay que se mantienen a flote pese al paso de vicisitudes de todo tipo. Las hay que te explican pero no te juzgan. Esas personas que sobreviven a nuestra rareza, a nuestro ímpetu en ocasiones desfasado, a nuestro carácter a veces agriado, esas personas decía… son realmente nuestros amigos.

Hay que cuidarlos mucho.

La verdadera amistad es como la fosforescencia, resplandece mejor cuando todo se ha oscurecido” Rabindranath Tagore