Flores

-La verdad es que nadie viene a reponer las flores de mi tumba, -dijo Casimiro entristecido-

-Es lógico -le contestó Ignacio-, han pasado unos años y su esposa ha podido rehacer su vida. 

-Ya pero, usted sigue teniendo cada mes, flores frescas en su tumba. 

-Si pero, no son de mi añorada Celia, sino de mi hija que se sigue acordando de mí, -precisó Ignacio-

Y posando su mano sobre el hombro de Casimiro, añadió, 

-Hemos de aceptarlo Casimiro, no merece la pena disgustarse, porque tenemos una eternidad por delante y hemos de ver muchas cosas aún.

-Ya Ignacio, si yo entiendo lo que me dice, pero es que mi mujer ha rehecho su vida precisamente con el dueño de la floristería, coño…

Ella, la botella

Impulsado por su pensamiento romantico, Chema se dedicaba a echar botellas al mar, con textos en su interior. A veces eran poemas, otras eran relatos, opiniones de todo tipo y por supuesto, cartas de amor enviadas a una amante desconocida.

Desde lo más alto del Cabo de Peñas en Asturias, solía tirar las botellas, mientras las olas azotaban la costa. En su pensamiento y ensoñación, estaba que sus misivas pudieran llegar a recónditos lugares. ¿Por qué no la costa francesa? ¿o la británica?. ¿Por qué no cruzar el Atlántico?

Le emocionaba solo pensarlo. Por eso Chema incluía junto a los textos, su correo electrónico y su número de teléfono, así como el día, hora y lugar exacto en el que lanzaba la misiva.

Chema no desesperaba, consciente de que podían pasar meses e incluso años antes que alguien le contestara a sus escritos.

Pero no tuvo que esperar tanto. Tres meses después del primer envío, recibió un sorprendente email dirigido a “Chema el de las botellas”, que decía así:

Hola Chema, mira chaval, a mi no me va eso de lanzar botellas a la mar y además ya empiezo a estar hasta los huevos de tus mensajitos. Siento decepcionarte, pero me han llegado doce  botellas y las he recogido en Ferrero, cerca del mirador, por donde paseo a diario y alguna vez pesco, así que como ves no han cruzado ni el Atlántico, ni el Cantábrico, sino que han llegado cerca de donde las lanzaste. A ver si estudias mejor las mareas y las corrientes. Y además no me parece nada bien que ensucies la mar. Así que, si te sientes tan poeta y tan escritor, ábrete un blog de esos en WordPress y suelta allí tu imaginación.

Y Chema le hizo caso y se abrió en 2.018 un blog en WordPress titulado. “Ella, la botella”, pero no gozó de mucho éxito y para colmo se le mosquearon en “Alcohólicos Anónimos” de Asturias, por lo que al poco tiempo lo cerró.

 

El paciente

Tomás era un enfermo terminal. Le administraban muchas medicinas sin éxito alguno, pero el oncólogo se negaba a sedarlo dando una oportunidad a tratamientos que no podían conducir a nada. El médico decía que su función era la de salvar vidas y que en el caso de Tomás, era lógico que tuviera dolores.

Me llamo Juan y soy enfermero y decidí inyectarle a Tomás opiáceos fuera de protocolo, para calmarle los intensos dolores. Sabía que me estaba jugando el puesto de trabajo, pero no podía con su sufrimiento.

Su familia, de alta raigambre religiosa, esperaba una especie de milagro que no iba a producirse.

Una noche durante mi turno, encontré a Tomás con los ojos abiertos e intenté hablar con él. Dada la dificultad, le propuse hacerle preguntas concretas. Si cerraba dos veces los párpados eso era un sí. Si los cerraba de continuo, eso era un no.

Y hablamos, con dificultades, pero hablamos. Y entendí muchas cosas que ya sospechaba. Así que le pedí permiso para actuar y cerró dos veces los párpados.

Y dándole mi mano, le dije – No te preocupes Tomás, cuidaré de que sufras lo menos posible – 

Terminé mi turno a las 7 de la mañana. El paciente Tomás G. había fallecido hacía un par de horas. Un “súbito” paro cardíaco. Lo dejé todo anotado, para el médico de guardia.

Elena mi sustituta me dio ánimo

-Vaya noche habrás pasado Juan, vaya noche…

La miré con cara de pena y me marché.

Normalidad

Ya estoy en casa, me dije a mi mismo, mientras se me escapaba un suspiro tras abrir la puerta. Me extrañó el silencio absoluto. Encendí la luz y comprobé que todo estaba como lo dejé.

Mi amigo no daba señales o al menos no se dejaba ver. No me preocupé, me consta que es muy especial y a menudo caprichoso.

Al pasar por el pequeño comedor, miré al espejo y allí lo encontré, sonriéndome curioso. Le saludé con la mano y me devolvió el saludo.

Ya estamos juntos de nuevo. Por fin todo vuelve a la normalidad.

Emprendedores

 

Ese no es nuestro estilo de familia, nosotros no somos racistas, ni sectarios.

Nosotros somos emprendedores que buscamos las oportunidades profesionales, trabajando muy duro en jornadas interminables. Nadie nos ha regalado nada, nos viene de tradición.  Y lo que hemos conseguido ha sido siempre con nuestro sudor y nuestro esfuerzo. Y hasta hemos creado cientos de puestos de trabajo.

¿Está claro?

Y ahora déjame que tengo que llamar al moro, para ver que ha hecho con la media docena de fardos que han desaparecido de la nave del colombiano. Tenemos que encontrarlos antes de que caigan en manos de la pasma.

Entre unos y otros me tienen hasta los huevos.

Estoy cansado. Oye, ¿Nos metemos una rayita?

Enseñanza

Soy profesor y hoy tenía clase a las diez.

Puntualmente entraron los chavales, conectaron sus máscaras respiratorias a la junta macrocinética de oxígeno y sus computadoras al vector 43 que correspondía a mi asignatura.

Una vez todos en línea, proyecté la primera fonoimagen y se quedaron encandilados…

-Hala, que pasada, que bonito, que color…

Los chavales daban rienda suelta a sus instintos.

Les expliqué:

-Chicos, esto tan bonito que veis en la imagen se llama to-ma-te

-A ver, todos juntos: to-ma-te

Anita que era muy curiosa, me preguntó,

-Lucas, ¿tu has probado el tomate?

-No Anita, yo no, pero mi abuelo me contó  que él si lo había probado cuando era niño y que el sabor era delicioso.

Y añadí,

-Y ahora viene lo mejor y es que hoy en la sala de degustación, todos tendréis sobre la bandeja, una pastilla Z3Φ que contiene sucedáneo de tomate incorporado a partir de los desarrollos gastroanalíticos del departamento de nutrición.

Y todos los niños y niñas sonrieron contentos y gritaron al unísono

-¡¡Bieeeeeeeeeeeen!!

Nueva evaluación

…Me duele. Un balazo en el hombro. No parece haberme afectado a la movilidad del brazo, pero duele. Pierdo sangre, no demasiada. Necesito ir al hospital. Me preguntarán y llamarán a la policía. Es el protocolo. Ojalá venga el inspector Lama. Fuimos compañeros en el cuerpo. Sigue siendo mi amigo, respetó mi decisión de marcharme. Me hice detective privado. No me va mal, soy mi propio jefe y eso es fantástico. Investigaba un adulterio, nada complicado, en apariencia. Pero la mujer de mi cliente se ha liado con mala gente, asunto de drogas. Estaba vigilando cuando me sorprendió una mole de seguridad a servicio del matón.  120 kilos, malos modos, insultos, me quiso pegar y le saqué mi revolver. Lo intente calmar mientras arrancaba el coche pero el cabrón me ha disparado por la ventanilla. Es un asunto muy serio, porque disparó a pillarme. Voy al hospital, dejo el coche de mala manera. Un vigilante me advierte. Paso de él y entro por urgencias. Me mareo, pierdo la vista, siento que me voy a …

… estoy en una habitación, tengo un gotero, oigo el pitido intermitente de mis pulsaciones. Miro a una enfermera. La cual de inmediato avisa a la policía. No es Lama. Es otro. Le pido hablar con Lama, solo con él. Imposible. Me niego a hablar. Entra una doctora, comprueba mis constantes. Me dice que me han extraído la bala y curado la herida. No ha afectado a órganos vitales. He tenido mucha suerte. Clínicamente podré irme pasadas cuarenta y ocho horas, si no hay complicaciones. Al cabo de tres horas aparece Lama. Pide que le dejen a solas conmigo. Es un buen tipo. Le cuento todo lo sucedido. Asiente sin interrumpirme. Me da la mano y me besa la frente. Me dice que esté tranquilo, que todo ha pasado ya. Aparece otro médico. Lama habla con él. Me miran. Hablan muy bajo, pero se que están hablando de mí. Me dan unas píldoras y me duermo profundamente…

– La mejoría era notable, ¿Cómo ha podido suceder otra vez? Pregunta el inspector Lama al psiquiatra

-Un nuevo brote sin duda, habremos de modificar las pautas de medicación. Pero queda claro señor Lama que su hermano no puede vivir solo -responde el doctor-

-No le encuentro sentido a toda esta historia, quizás sean alucinaciones, pero lo único cierto es que le han disparado. Investigaremos el casquillo para detectar el tipo de arma empleada, porque han intentado…

-Señor Lama -interrumpe el médico, no tengo ni idea de los líos en los que está metido su hermano. Usted es policía y entiendo que le preocupe lo sucedido, pero yo soy psiquiatra y a mí me preocupa mi paciente, desde otra óptica claro, pero creo honestamente que su hermano, necesita cuidados especiales. Ahora mismo, es un peligro para sí mismo y para los demás. Debería ser ingresado de nuevo en la clínica, en observación, para ver cómo evoluciona, antes de evaluarle de nuevo. Piénselo por favor.

Lo mismo

 

Exactamente lo mismo que decía cuando estaba viva.

La imagen fue tan real, que casi sentía su presencia.

Sus palabras, su acento lucense, su entonación casi musical, me trajeron el recuerdo de cuando mi abuela decía que las meigas existían y yo no la creía.

Que error, que gran error, porque no solo existen, sino que, además, preparan un pote gallego de escándalo.

Lectura incompleta

Hace unos días vi una publicación en LinkedIn muy curiosa, que me gustaría diseccionar en dos partes.

Parte 1: Un miembro de LinkedIn mostraba la foto de una mujer dando el pecho a un bebé  en una cafetería. Sobre la mesa había varios objetos…

El autor comentaba que era una vergüenza que tuviéramos que ver cosas así en las cafeterías o bares, que era incluso perjudicial para la salud y muchas cosas más.

Hubo bastantes comentarios insultantes hacia su persona, no solo le llamaron machista y misógino, sino cosas peores…

Parte 2: Inmediatamente después del texto inicial – parte 1-, el autor del post señala que es insano poner una chancla sobre la mesa, preguntándose que habría pisado antes en la calle. En efecto, en la foto se apreciaba  perfectamente ese calzado sobre la mesa de la cafetería.

El autor, se refiere por tanto a la chancla sobre la mesa y su incomodidad no se debe a que la mujer diera pecho a su bebé.

Hubo otros muchos comentarios.

De un lado, los que habían “pillado” el juego de emociones que planteaba el texto y la foto; algunos parecían divertidos, otros no le veían tanta gracia, pero la mayoría señalaba como el autor había conseguido “engañar” a los lectores, con un texto, que obviamente no es lo que parece.

De otro lado los que se habían dado cuenta de que no habían leído el post completo, ni advertido que, lo que al autor le parecía una vergüenza, era poner sobre la mesa una chancla y no la madre que amamantaba a su hijo. Se habían lanzado a degüello sin necesidad de reflexionar más, probablemente de manera precipitada sin detenerse a leer todo el texto y comprender de esa manera, el sentido del mismo. Algunos incluso pidieron disculpas por sus insultos previos.

No entro a valorar a este usuario de LinkedIn, no es ese mi objetivo.

La moraleja que saco es que muchas veces, no nos paramos a leer o a escuchar, ni siquiera a reflexionar. Al contrario, con frecuencia actuamos por emociones parciales o al menos incompletas. Y lo peor, juzgamos solo por lo que creemos ver o creemos entender, sin apreciar la totalidad de lo que realmente sucede.

Me temo que en estos tiempos convulsos, a veces nos quedamos en los titulares que, en algunas ocasiones, son manifiestamente parciales y sectarios, incluso tendenciosos, y eso sucede tanto en prensa, como en televisión, páginas webs y no digamos en las redes sociales.

Y yo creo que es preocupante.

Encargos de confianza

Paulino lleva trabajando en casa de los marqueses casi veinte años y a estas alturas poco o nada le sorprende. Es el primer mayordomo, secretario y hasta en ocasiones consejero. Su mujer Virginia, es la jefa de la cocina.

Por supuesto que Paulino conoce al dedillo los intrínsecos vericuetos de la mansión. Dirige con soltura y eficiencia a todo el personal, sea de cocina, limpieza, mantenimiento, jardinería o a los dos chóferes. Gestiona todas las compras y hasta presenta al marqués, un estado contable de gastos a fin de mes. Y a cambio recibe un buen sueldo, mayor del que correspondería a su nivel, pero los marqueses confían plenamente en Paulino y esa es una manera de demostrárselo.

Su confianza es tal, que el señor marqués le encargó hace tiempo, que seleccionara para él, las señoritas de compañía de las que gozaba cuando la señora marquesa estaba de compras. Todo ello bajo una confidencialidad absoluta, por la que el marqués le daba una sustanciosa prima. Paulino hacía la selección atendiendo a los gustos y apetencias del marqués. Y solía acertar. Su compromiso de fidelidad y silencio era total.

Pero, la señora marquesa también confiaba ciegamente en Paulino, para sus necesidades vitales y por ello, le encargó igualmente, que seleccionara para ella los jóvenes con los que poder retozar aprovechando las ausencias del marqués. Por supuesto bajo promesa de confidencialidad y silencio y a cambio de un importante incentivo económico.

Lo cierto es que Paulino hace su trabajo con resolución, aceptando de buen grado aquellas labores que de él se requieran, sin plantearse más allá que el ejercicio de sus responsabilidades y punto.

Una noche en la casa donde vive con Virginia, dentro de la finca de los marqueses, echó cuentas y muy sonriente y feliz le dijo a su mujer:

-Virginia, el vicio de los marqueses nos ha permitido duplicar mi sueldo en los últimos tres años. Unido al tuyo, creo que en unos cinco años más podremos comprarnos la casita del pueblo.

Aunque Virginia, tenía sus dudas…

-Pero Paulino ¿y si un día se enteran de los líos que cada uno tiene a espaldas del otro?

Paulino la miró complacido y respondió,

-¡Virginia por favor! No subestimes mi habilidad, créeme mujer, en lo mío soy el mejor.